Así, con este arranque tan poderoso, comienza El fotógrafo del pánico, una película sobre la fascinación del voyeurismo desde una perspectiva esquinada, enfermiza, que no se resigna a la ficción, a lo impostado, sino a la autenticidad del horror puro (¿y antecedente de las “snuff movies”?).
Mark Lewis (Carl Boehm) es un hombre tímido, apocado y aparentemente inofensivo. Sólo parece poder expresarse mediante el objetivo de una cámara que no abandona. Incluso parece llevar a cabo un coito metafórico con la chica del labio deforme cuando ella se sitúa, por primera vez, ante una cámara.

Hace uso de la realidad para dirigir sus propias películas, captando emociones verdaderas: las reacciones de sus víctimas en los instantes previos a morir. En comparación al director en cuyos rodajes trabaja Mark, nuestro querido psicópata llega lo más lejos posible. Mark no se desespera ante la falsedad de los intérpretes por la sencilla razón de que su método consiste en someter a los “actores” de su documental a la experiencia de saber que su vida se extingue. La mayor perversión que uno pueda rodar.
![Watesam.Peeping.Tom.(1960).Dvdrip.X.264.m4v_snapshot_00.03.15_[2010.08.25_19.11.09].jpg Watesam Peeping Tom 1960 Dvdrip X 264 m4v snapshot 00 03 15 2010 08 25 19 11 09](https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjhA9zHtEaaO4BMI2DhCQux_y1Khxo5c5j0sB8XVyVjdlLCch4uZ5ld9nXYYrC9AaMNPTuTF08_Ndh-zdHpL0leRE7uAq1ZofIyGKMyIeeq398Jco_y8MM7OAFbiqWGlJgNgTtLQldMZIw/?imgmax=800)
La escena donde Mark muestra imágenes de su infancia, rodadas por su padre, a la chica del piso de abajo y la secuencia en la que una actriz que ejerce de doble nos brinda un baile (la pelícual se transforma, por unos instantes, en un musical) como antesala de su muerte en directo son, junto al prólogo, los grandes y más enérgicos momentos de esta espléndida “cult movie” de vivos y expresivos colores (tremenda fotografía de Otto Heller) que trata sobre los mecanismos de la imagen y del mirón.
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| Michael Powell y Otto Heller |
Espléndida película sin lugar a dudas, que gira en torno a las obsesiones y desequilibrios de un personaje capaz de atormentarnos con sensaciones similares a la vida real.
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| Michael Powell |
La cámara se transforma en muchos momentos en el protagonista, descubierto desde el primer minutos de película. Nuestro personaje, atormentado desde pequeño por su padre científico que experimentaba con su hijo, los diferentes comportamientos que el miedo como tal nos produce. Ya desde pequeño Mark, ve su vida interrumpida y sesgada por el comportamiento de su padre, fascinado al igual que él más tarde, en el uso de la cámara como medio de vida y desarrollo.
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| Michael Powell y su hijo Columbus |
Una cosa es bien cierta todos somos mirones, y nos recreamos en ello. El morbo que produce pasear la mirada y observar las diferentes sensaciones que produce “el miedo” sobre todo “el miedo”. ¿Por qué nos atrae tanto? El miedo es el vehículo conductor de ésta película, de importancia capital dentro del género de terror.
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| Michael Powell durante el rodaje |
Mark capta el miedo con su cámara, que son sus ojos, como una flaqueza, como le enseñó su padre, el miedo que atenaza a sus víctimas tiene como objetivo ser eliminado. La multitud de sensaciones que produce ese miedo a Mark, contemplando como tal el orgasmo producido por las imágenes de miedo que contempla en su estudio.
La niñez en la que se ve estancado el personaje de Mark, recordemos detalles como el tener leche únicamente como bebida en su casa, o el entusiasmo que demuestra con la idea de los cuentos infantiles y su cámara mágica, definen a un personaje como a un niño, solamente un niño maltratado por su padre, huérfano de madre y torturado con su muerte e imágenes.

La película guarda parecido con clásicos del género de la obsesión, como Repulsión de Polanski, El estrangulador de Boston de Fleisher o alguna de las películas de De Palma de sus inicios como Vestida para matar.

Una película de culto que, no debería ser concebida como visualmente simple.

En dicha cinta, el director inglés aplica con destreza todos los conocimientos cinematográficos adquiridos a lo largo de su carrera. Y no sólo perfecciona su técnica, sino que abandona o integra parte de las coordenadas que marcaron su filmografía. Así, de su etapa inicial en que, de la mano de Pressburger, sigue los ejes marcados por el resto de cineastas británicos, lega un vestigio mínimo a Peeping Tom. La tradición literaria y teatral inglesa, únicamente sobreviven en forma de narración romántica; tal como ha hecho a lo largo de su filmografía, tendiendo a mezclar romanticismo literario con expresionismo cinematográfico (analogía aún evidente en este filme en escenas como las que abren la cinta, la intermitente fotografía tenebrista, o sus continuos asesinatos sombríos… que probablemente evoquen al espectador algunos de los fotogramas de Nosferatu o M, el vampiro de Düsseldorf ).

De la misma manera, el autor continúa haciendo gala de su excelente dominio del rodaje en estudio, ya anunciado en Narciso negro, así como de la incursión musical como generador de ambientes, la exaltación del color, o el movimiento interno con que dota a cada plano… Aunque, de entre todas estas características, probablemente, la que ayude, en mayor grado, a conferir a la cinta la categoría de obra maestra es la inmejorable aplicación del llamado realismo psicológico.

Peeping Tom acaba siendo un análisis psicológico de tal magnitud que convierte al filme en un relato visionario, deviniendo, inevitablemente, una de las películas precursoras de la postmodernidad. Así, Peeping Tom, heredando conceptos de La ventana indiscreta, vaticina dos de las nociones fundamentales de la teoría psicoanalítica (voyeurismo y economía del deseo); al mismo tiempo que relaciona, a modo de silogismos, una infinidad de temas propios de la cultura y el arte postmoderno.

Y, aunque el voyeurismo ya había sido un tema ampliamente tratado, tanto en pintura como en literatura, desde Schiele a Carroll; tendríamos que esperar hasta la llegada de La ventana indiscreta, Peeping Tom, y la coetánea Psicosis, para conocer la aplicación de dicho concepto al lenguaje cinematográfico. Pues, aunque Rossellini y Renoir ya hubiesen profundizado en el estudio de la mirada, tanto Powell como Hitchcock, lo harán relacionándola con la propia naturaleza del cine (utilizando la escopofilia como vía de reflexión sobre la postura del espectador).

Así, Peeping Tom nos presenta el cine como un modelo que permite proyectar los fantasmas del espectador y sublimar sus deseos. Pero, va más allá aún, y conecta al objeto con el público. Aunque la pantalla le permita proyectar sus fantasmas internos, hay un aspecto que se le escapa: cómo ésos van a evolucionar. Por tanto, el espectador ya no sólo ve sus propios fantasmas, sino que, además, no puede controlarlos, impotencia que obviamente le genera una reacción. Y es esa dialéctica la que interesa a Powell (y a Mark, el protagonista del filme): cómo una persona, que actúa de autovoyeur, reacciona frente a la proyección de un fantasma interno como es la muerte, su propia muerte, ante la cual es incapaz de actuar, y dominar (tal como sucede al espectador con la pantalla).
![Watesam.Peeping.Tom.(1960).Dvdrip.X.264.m4v_snapshot_00.03.06_[2010.08.25_19.11.00].jpg Watesam Peeping Tom 1960 Dvdrip X 264 m4v snapshot 00 03 06 2010 08 25 19 11 00](https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjPttiqw4NnU6qr9QAazzbaxJremRKB6sySgNRlXca01z1w6AlDRWBrMQKEBkQf551bs0I9DNdNw75pe2Ygg4wHbZdPckIfq3HLFKlF0HeX5-ETHeYOakr0URXrQAEtbt1kSjrhnFPLQiw/?imgmax=800)
Powell intentará reflejar dicho diálogo a partir del lenguaje rosselliniano; aunque, en algún caso, se intercalen planos similares a los que Renoir utilizaba para mirar, con la misma lubricidad con que lo hace Powell, a las chicas de Un día en el campo.
![Watesam.Peeping.Tom.(1960).Dvdrip.X.264.m4v_snapshot_00.11.09_[2010.08.25_19.12.08].jpg Watesam Peeping Tom 1960 Dvdrip X 264 m4v snapshot 00 11 09 2010 08 25 19 12 08](https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiZ_dazt235XXN9OWN-OUPpjB2vuEv1LMOpxmHcwtbPZn4umCuQlaXptd0APu6GgDJlJBlm1m4pNW6ybrHsVZfbylBvOMCquXdbPV45psQ-IW0u2J7lPSnmf8tJi8IY-aKxCGnaI-42KF0/?imgmax=800)
Nos habla, por tanto, de la mirada, del voyeur, del espectador, mostrando cómo se expresa ante lo que ve pero no qué es lo que ve (pues de hecho, no se sabe hasta el final del filme). Y sin duda, la reflexión sobre esta actitud vive su cenit cuando Mark decide no matar a la mujer invidente porque de nada le serviría grabarla, pues no puede reaccionar contra su propio rostro mientras muere, al mismo tiempo que es incapaz de crear esa ficción. Y, sirviéndose de este personaje, Powell plantea dos nuevas reflexiones. Por una parte, la obstinación de registrar lo imposible; y por otra, la concepción artesanal del cine, creando una equivalencia entre su cámara y las manos de la invidente, plano al que posteriormente Bergman parece rendir homenaje en Persona.

Pero, Peeping Tom plantea muchos más temas, a menudo presagiados por Mark, eje central del filme y generador de la mayoría de esos silogismos. El protagonista pretende realizar un documental que continúe los estudios escopofílicos iniciados por su padre. Se trata de una obsesión que le lleva a buscar, desesperadamente, algo inalcanzable como es la reproducción de la expresión del miedo. Pretende, por tanto, plasmar lo irreflejable, concepto que augurado ya anteriormente por Dreyer, conecta directamente con la cinematografía moderna.

Pero probablemente, una de las cuestiones que hace de esta obra una de las películas más enigmáticas que nos ha dado el cine, es su involuntario, pero igualmente transgresor, carácter pornográfico. En este filme, la cámara de Mark ha cobrado la misma importancia y protagonismo que tienen los objetos en los filmes de Borowczyk. Y la relación tan estrecha entre ser humano y objeto, hasta el punto de concebirse como prolongaciones del cuerpo (como pasa en cada una de las cintas del director polaco), es el mejor ejemplo para entender la función que realmente desempeña la cámara de Mark Lewis. Por consiguiente, en este caso, no sirve hablar de reminiscencia de un símbolo fálico, sino que claramente actúa como su miembro a la hora de violar a sus víctimas.
![Watesam.Peeping.Tom.(1960).Dvdrip.X.264.m4v_snapshot_00.10.42_[2010.08.25_19.12.01].jpg Watesam Peeping Tom 1960 Dvdrip X 264 m4v snapshot 00 10 42 2010 08 25 19 12 01](https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhODqMDQ-33uSkpQq5olKsLqAT2aF9ziRAYkRbFYfu5XkGYX26JUThp6mhvbPBA_OGcHFbsDCOMlh3wMhiIhzlKTT_sOQIIJISl6NtpGjkHVuZ18G9guC8DPqsg9mI_KkZ0vc9eALtSaWg/?imgmax=800)
Sin lugar a dudas, ejemplos como el de esta última afirmación han servido a diversos teóricos para estudiar la antagónica dualidad entre eros-thanatos: sexo y muerte; llegando a la conclusión de que la combinación de la sexualidad y la violencia recibe su materialización, a nivel, cinematográfico, en la llamada “snuff-movie”. De manera que no sería un error definir esta película como un auténtico precedente de la snuff-movies; siendo la pornografía sadomasoquista su factible antesala, y a menudo el camino hacia ella.
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| Michael Powell y Pamela Green |
¿O quizá es casualidad que James Wood, el protagonista de Videodrome (D. Cronenberg) descubra un canal dónde se alterne la emisión de películas de pornografía sadomasoquista con muestras de “snuff-movies?”… Que cada uno valore su respuesta…
El camarógrafo Mark Lewis tiene una curiosa obsesión, filmar rostros, pero en su peligrosa pasión voyeur por captar solo expresiones y emociones verídicas, el extraño joven intenta inmortalizar en celuloide los rostros aterrorizados de inocentes mujeres que ven como único remedio gritar en los últimos segundos de vida que les quedan.