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martes, 18 de enero de 2011

Cayetano Santos Godino, El Petiso Orejudo



VIDAS NO EJEMPLARES

 Cayetano Santos Godino, La Historia Del Petiso Orejudo

Cayetano Santos Godino "El Petiso Orejudo"

La historia del "Petiso orejudo" es una de las más escalofriantes que puedan encontrarse dentro de la criminología moderna. Este muchacho argentino, llamado Cayetano Santos Godino, comenzó su carrera criminal con tan solo 7 años de edad, escogiendo a otros niños como sus víctimas. Godino, quien además era pirómano, tuvo en vilo a toda la población de Buenos Aires de principios del siglo XX. La estremecedora vida del Pequeño orejudo, el niño asesino, ha sido llevada a la gran pantalla de mano del director madrileño Jorge Algora, bajo el titulo "El niño de barro".

Afiche de la película "El niño de barro"




La historia de Cayetano Santos Godino coincide completamente con la de muchos otros asesinos en serie adultos y, como suele suceder, comienza con una infancia tortuosa. Hijo de inmigrantes calabreses, nacido en 1896, en la ciudad de Buenos Aires, tenía siete hermanos y un padre alcohólico y maltratador. Fiore Godino, su progenitor, había contraído sífilis antes de que naciera Cayetano, lo que le trajo al niño graves problemas de salud. Incluso podría decirse que ya desde pequeño el "Petiso orejudo" conoció la muerte de cerca, a causa de las enfermedades que le afectaban.

Foto promocional de la película "El niño de barro"


Godino se crió en la calle. Con las reglas de una ciudad repleta de inmigrantes en ese principio de siglo XX y que todavía estaba muy lejos de ser lo que sería tiempo después. De hecho Almagro y Parque Patricios, hoy dos sectores plenamente integrados en la capital argentina, eran zonas linderas y con descampado. Esos barrios serían el epicentro de las andanzas de este niño, al que muchos no dudarían en calificar como un verdadero monstruo.
Buenos Aires, estación de la constitución finales del siglo IXX

Cayetano desde los cinco años comienza a recibir educación formal en diversos centros escolares. Pero la falta de interés en el estudio y su comportamiento violento e indisciplinado hacen que Godino vaya de un colegio a otro sin rumbo. Su hábitat natural eran las calles y descampados. Le encantaba matar gatos y observar como agonizaban. También sentía adoración por el fuego. No era un niño normal y corriente. En absoluto.

Muelles del puerto de Rosario hacia principios del siglo XX


JUGANDO A SER UN ASESINO

Tenía tan solo 7 años, la edad en la que un chico debería estar más preocupado por sus juegos y fantasías propias de la niñez fue cuando cometió su primer acto violento hacia una persona. A Cayetano, le atraían otras cosas. A pesar de su aspecto flacucho, sus orejas prominentes y su baja estatura, Godino tenía un gran poder de atracción sobre los menores. Los invitaba a sus juegos, les ofrecía caramelos y así lograba llevarlos a zonas donde nadie pudiera ver lo que pretendía hacer con ellos.

Miguel De Paoli


La primera de sus víctimas, (que tuvo la suerte de que nada grave le sucediera), fue Miguel de Paoli, un niño de casi dos años, que fue golpeado por el "Petiso" y después arrojado sobre una zanja llena de espinos. Un agente que circulaba por la zona se percató de lo ocurrido y llevó a los niños a la comisaría, donde fueron recogidos por sus madres unas horas más tarde.

Ana Neri


Un año más tarde, sería el turno de Ana Neri, una vecina suya que apenas tenía 18 meses de edad. También tuvo suerte la pequeña Ana, ya que los golpes que Cayetano le infringió con una piedra no llegaron a matarla gracias a la intervención de un policía que advirtió lo que sucedía y puso fin al asunto. Godino salió de prisión esa misma noche por su corta edad.



Ya para aquel entonces se había iniciado en la delincuencia menor junto a su amigo Alfredo Tersi y su padre había descubierto una gran cantidad de pájaros muertos que el "Petiso" guardaba debajo de su cama. Su primera víctima mortal estaba al caer. (Aunque nadie se enteraría hasta tiempo después). Una niña de 18 meses de edad, era golpeada y luego enterrada viva por Cayetano, quien cubrió la fosa con latas y otros desperdicios. Este hecho había ocurrido en 1906, cuando Godino ya contaba con 10 años de edad. La muchacha fallecida, presumiblemente, sería María Rosa Face, sobre quien se había efectuado la denuncia de desaparición y jamás regreso. En el terreno baldío donde el "Petiso" adujo enterrarla se construyó un edificio de dos plantas. Así es que nunca pudo corroborarse la confesión del niño criminal.

El Petiso


Para ese entonces, Cayetano Santos Godino parecía ser una persona irredimible. Se había convertido en un masturbador compulsivo y en un auténtico irreverente. Sus padres no sabían que hacer con él, fue el mismo Fiore Godino quien lo denunció ante las autoridades. Cayetano pasó dos meses tras las rejas, para volver a su vida habitual: la de la vagancia. Después de agredir a Severino González Caló (a quien intentó ahogar) y a Julio Botte (le quemó los párpados con un cigarrillo), nuevamente sus progenitores lo entregan ante las autoridades.

Severino González Caló


LA LEY DE LA CALLE

Era 1908 y un Cayetano de 12 años de edad es enviado a pasar sus días en la Colonia para menores de Marcos Paz. Se sabe el efecto que suele causar una estancia en prisión para cualquier recluso. Lejos de rehabilitarlo y reinsertarlo en sociedad, aunque aprendió allí a leer y escribir, los duros días de reclusión lo devolvieron a las calles mucho más endurecido, frío y, por supuesto, ávido de sangre. Tres años pasó allí y salió hecho un adolescente.

Ficha Policial del Petiso


Cayetano se hacía fuerte en las calles. Deja de transitar los lugares por donde andaba siempre y se dirige hacia las zonas más lúgubres de la ciudad.

Paseo de Julio Buenos Aires


Allí empieza a consumir alcohol y a inmiscuirse en cuestiones turbias. Sus padres consiguen que trabaje en una fábrica, pero tan sólo dura tres meses en su puesto. Estaba claro que su carrera se encontraba en otro sitio.

El cementerio de Carhué


Su próxima víctima mortal sería Arturo Laurora, un joven de 13 años, quien apareció brutalmente golpeado, semidesnudo y con un cordel en su cuello estrangulándolo. Algunos días antes, el 17 de enero de 1912, Godino había prendido fuego una bodega de la calle Corrientes.
Cuando fue detenido, sus palabras fueron claras y no mostraban ningún tipo de remordimientos: "me gusta ver trabajar a los bomberos. Es lindo ver como caen en el fuego".

Arturo Laurora


Estos hechos no serían sino la confirmación de lo que vendría luego: un sinfín de agresiones y crímenes de todo tipo. Primero prendió fuego a Reyna Bonilla Vaínicoff arrimando una cerilla a su
vestido de percal. La niña de cinco años falleció poco después. También, demostrando su amor por el fuego, causó tres incendios más que pudieron ser controlados, incluyendo una estación de trenes. Los animales se encontraban asimismo bajo su "jurisdicción". Mató a puñaladas a la yegua de su patrón Paulino Gómez.

Reyna Bonilla Vaínicoff


Algunos niños tuvieron mejor fortuna que otros. Así fue como milagrosamente se salvaron Roberto Russo, de 2 años de edad, Carmen Gittone, de 3 y Catalina Naulener, de 5. Todos ellos fueron golpeados y seducidos previamente por el "Petiso orejudo" (ese nombre ya era común en los círculos por los que se movía). Pero Cayetano Santos Godino se tenía reservado un último crimen. Tal vez el más nefasto de todos.

Roberto Russo
Carmen Gittone
Catalina Naulener


UN CLAVO EN LA SIEN

Era la mañana del 3 de diciembre de 1912 y Cayetano salía de su casa como lo hacía siempre, a vagabundear un rato. También Jesualdo Giordano, un niño de 3 años, se dirigía a jugar con sus amigos del barrio. Y tuvo la mala suerte de que su destino y el de Godino se cruzaran. El "Petiso" se sumó a los chicos, que no pusieron reparos. Al fin y al cabo, siempre se llevó bien con ellos. Un poco por su aspecto de idiota y otro poco porque sabía seducirlos. Jesualdo caminó con Cayetano hasta la Quinta Moreno, un lugar alejado donde el "Petiso orejudo" haría de las suyas por última vez. Allí lo arrinconó, lo golpeó y, quitándose la cuerda que llevaba por cinturón, lo ahorcó.
Pero como el chico no moría, lo ató de pies y manos y salió en busca de un elemento más contundente. En la búsqueda, se topó con el padre de Jesualdo y hasta tuvo la sangre fría de decirle que fuera a la comisaría a hacer una denuncia por su desaparición.

Jesualdo Giordano


El elemento que empleó Godino para acabar con el niño fue un clavo de cuatro pulgadas, que clavó en la sien de la criatura. Luego cubrió el cuerpo con una chapa y se dio a la fuga. Incluso tuvo el atrevimiento de pasar por el velatorio del niño. Dicen que aún quería ver si tenía el clavo en la sien.

El Petiso haciendo una demostración de sus asesinatos


Dos agentes de policía, Peire y Bassetti, ya habían unido acertadamente las pistas. No quedaban dudas de que se trataba de Cayetano Santos Godino, ese adolescente repleto de perversión y totalmente reacio a respetar las leyes y normas establecidas. Un registro en la casa de los Godino arrojaría rápidos resultados: restos de la cuerda que utilizó para estrangular a Jesualdo Giordano y un recorte del periódico La Prensa que relataba los detalles del crimen llevaron las sospechas al terreno de las certezas. Godino confesó sus crímenes y, en un primer momento, fue llevado a un Hospital de Salud Mental.

El Petiso junto al juez


Es que creían que era un disminuido psíquico y que no tenía consciencia de sus actos. Pero allí trató de matar a un inválido postrado en una cama y a una persona que paseaba en sillas de ruedas.


El Petiso mostrando su arma favorita

Los años finales de Cayetano Santos Godino transcurrieron en la cárcel del Ushuaia -la ciudad más austral del mundo-, conocida como "la prisión del fin del mundo". Un durísimo correccional, donde estaban recluidos los delincuentes más peligrosos y que, para establecer una similitud, era equivalente a las prisiones rusas de Siberia o el San Quintín estadounidense.

Cárcel del Ushuaia


Pintura del Petiso en la cárcel del Ushuaia


 

"Es un imbécil o un degenerado hereditario, perverso instintivo, extremadamente peligroso para quienes lo rodean", afirmó tajantemente el informe psiquiátrico, cuando Godino pidió por su libertad en 1936. 

Muñeco del Petiso en la cárcel del Ushuaia

Cárcel del Ushuaia en la época del Petiso


Finalmente Cayetano falleció en 1944, víctima de una hemorragia interna. Se supone que fue producto de las continuas palizas y vejaciones sexuales que recibía por parte de los otros reclusos. Un final cruento, en consonancia con lo que fue la vida de un niño extraño, con aspecto de idiota y que sentía un enorme placer por la sangre inocente.

Interior de la cárcel del Ushuaia   
Cayetano El Petiso Orejudo

7 comentarios:

Natàlia Tàrraco dijo...

Hooola querido amigo, tengo fresca en la memoria nuestro encuentro, y Ferran lo mismo.

Subyace en el "orejudo" un comportamiento sádico hacia seres menores, indefensos, el amor por el fuego es otro dato. No entiendo de mentes desquiciadas, pero intuyo, no por justificar, por comprender, que su infancia, los abusos, los ambientes callejeros, agudizaron sus desvarios. Vengarse de su infancia terrible en otros niños menores, quemar por destruir purificando
Me viene a la memoria el caso de los chicos ingleses que no hace mucho asesinaron a un niño pequeño y su reacción ante el tribunal fue igualmente fría, indiferente.
Acabó en el infierno, sufriendo lo indecible, lo que pasaría por su mente rota.
Spok, otro caso, otro ser humano que parece inhumano, pero todo horror proviene del ser humano.
No he visto la película, intentaré verla con el estómago encogido.

Besitooos muchos.

Isabel Romana dijo...

Espeluznante. Los crímenes son horribles, pero cuando las víctimas son criaturas tan pequeñas, aún nos espantan más. Un abrazo, querido amigo.

elena clásica dijo...

Vaya historia terrible, un personaje infernal donde los haya.
Cuando las víctimas son niños la bajada a los infiernos es absoluta, más siniestra que nunca de la mano de estos monstruos.

Un beso.

spok dijo...

Natalia:
certera como siempre la mente de los asesinos es un universo aterrador y deforme, tal vez es mejor no saber que pasa por esas mentes pero es necesario saberlo si de esa manera se puede evitar la aparición de uno nuevo.
Isabel:
Tienes razón la edad de las víctimas acongoja y espanta pero la edad del criminal aterra el doble que si fuera adulto por que vivimos sobre el supuesto que los niños son buenos y desgraciadamente historias como esta nos hacen pesar que ese supuesto es cuando menos endeble.
Elena:
te digo lo mismo que a Isabel el infierno esta entre nosotros algunas veces.
Besos y saludos para las tres.

Judith dijo...

Yo acabo de ver la película "El niño de barro" y es realmente escalofriante!

Anónimo dijo...

Se han escrito varios libros sobre el Petiso Orejudo que ocultan la verdad de un niño con severo retraso mental al que su padre -de quien probablemente heredaría su mal siendo que éste era sifilítico- golpeaba en la cabeza impiadosamente con lo que tuviera en su mano, para luego arrojarlo a la calle. Tampoco recibió mejor trato por parte del resto de su familia. Típico asesino serial que desquitaba en otro su furia contra el mundo por el dolor que le provocaba. Digno de piedad.

spok dijo...

Anónimo:
Muchas veces se silencian esos datos, para impregnar de morbo amarillo estas historias, que sin esa patina sensacionalista no serian mas que lo que son, el reflejo de vidas destrozadas y sus consecuencias.
Gracias por escribir y saludos.