NO DEJES QUE ACABEN CON ELLA

domingo, 31 de mayo de 2009

ARTE DEGENERADO ERNESTO SÁBATO

LA PINACOTECA DEL HORROR

ERNESTO SÁBATO

Primeros años

Ernesto Sabato nació el 24 de junio de 1911 en la ciudad de Rojas, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Hijo de Francisco Sabato y Juana María Ferrari, fue el décimo hijo de once. Nació poco tiempo después de la muerte de su noveno hermano, Ernestito, por lo que él lleva su nombre.


En 1924 egresó de la Escuela primaria de Rojas y viajó a La Plata para realizar sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de La Plata, donde conoció al profesor Pedro Henríquez Ureña, a quien luego citaría como inspiración para su carrera literaria. En el año 1929 ingresó a la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas de la Universidad Nacional de La Plata.



Fue un activo militante del movimiento de Reforma Universitaria, fundando el Grupo Insurrexit en 1933, de tendencia comunista, junto con Héctor P. Agosti, Ángel Hurtado de Mendoza y Paulino González Alberdi, entre otros.

En el año 1933 fue elegido Secretario General de la Federación Juvenil Comunista. Y en un curso sobre marxismo conoció a Matilde Kusminsky Richter, una estudiante de 17 años, la cual abandonó la casa de sus padres para vivir con él. En 1934 comenzó a tener dudas sobre el comunismo y sobre la dictadura de Stalin. El partido, que advirtió este cambio, decidió enviarlo por dos años a las Escuelas Leninistas de Moscú, en donde, según las palabras de Sabato:
Era un lugar en donde uno se curaba o terminaba en un gulag o en un hospital psiquiátrico.



Antes de Moscú, viajó a Bruselas como delegado del Partido Comunista de la Argentina al Congreso contra el Fascismo y la Guerra. Una vez allí, temiendo que de ir a Moscú no regresaría, abandonó el Congreso y huyó a París. Es en París donde escribe su primera novela llamada "La Fuente Muda". Regresó a Buenos Aires en 1936 y contrajo matrimonio por lo civil con Matilde Kusminsky Richter. 

Sus años como investigador

En 1938 obtuvo el Doctorado en Física en la Universidad Nacional de La Plata. Gracias a Bernardo Houssay, le fue concedida una beca anual para realizar trabajos de investigación sobre radiaciones atómicas en el Laboratorio Curie en París. El 25 de mayo de 1938 nace su primer hijo, Jorge Federico. En París entra en contacto con el movimiento surrealista y con la obra de Óscar Domínguez, Benjamín Péret, Roberto Matta Echaurren, Esteban Francés, entre otros. Esto marcaría una profunda influencia en sus futuras obras.
Durante ese tiempo de antagonismos, por la mañana me sepultaba entre electrómetros y probetas y anochecía en los bares, con los delirantes surrealistas. En el Dome y en el Deux Magots, alcoholizados con aquellos heraldos del caos y la desmesura, pasábamos horas elaborando cadáveres exquisitos.




En 1939 fue transferido al Massachusetts Institute of Technology (MIT), por lo que abandonó París antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Regresó a Argentina en 1940 con la decisión de abandonar la ciencia, pero para cumplir con quienes le habían otorgado la beca se desempeña como profesor en la Universidad de La Plata, en la cátedra de ingreso a Ingeniería y en un postgrado sobre Relatividad y Mecánica Cuántica.
En el Laboratorio Curie, en una de las más altas metas a las que podía aspirar un físico, me encontré vacío de sentido. Golpeado por el descreimiento, seguí avanzando por una fuerte inercia que mi alma rechazaba.




En el año 1943, debido a una crisis existencial, decide alejarse de forma definitiva del área científica, para dedicarse de lleno a la literatura y la pintura. Se instaló entonces en Pantanillo, en la provincia de Córdoba. Para vivir en un rancho sin agua ni luz pero entregado a la escritura.

A fines de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, nace su segundo hijo, Mario Sabato, quien de adulto sería un conocido director de cine.



Carrera literaria 

En 1941 aparece su primer trabajo literario, un artículo sobre "La invención de Morel" de Adolfo Bioy Casares, en la revista Teseo de La Plata. También publica una colaboración en la revista Sur, por intervención de Pedro Henríquez Ureña. En 1942 continúa colaborando en la revista Sur con reseñas de libros, se encarga de la sección "Calendario" y participa del "Desagravio a Borges" en el Nº 94 de Sur. Publica artículos en el Diario La Nación y se publica su traducción de "Nacimiento y muerte del sol" de George Gamow. Al año siguiente publicaría la traducción de "El ABC de la relatividad" de Bertrand Russell.



En 1945 publicó su primer libro, Uno y el universo, una serie de artículos filosóficos en los que critica la aparente neutralidad moral de la ciencia y alerta sobre los procesos de deshumanización en las sociedades tecnológicas. Con el tiempo irá avanzando hacia posturas libertarias y humanistas. Ese mismo año recibe por el libro el primer premio de prosa de la Municipalidad de Buenos Aires y la faja de honor de la Sociedad Argentina de Escritores.



En 1948 después de haber llevado los manuscritos de su novela a las editoriales de Buenos Aires y de ser rechazado por todas, publicó en la revista Sur El túnel, una novela psicológica narrada en primera persona. Enmarcada en el existencialismo, una corriente filosófica de enorme difusión en la época de posguerra, El túnel recibió críticas entusiastas de Albert Camus, quien lo hizo traducir por Gallimard al francés. Aparte de éste, la novela ha sido traducida a más de diez idiomas.



En 1951 se publicó el ensayo "Hombres y engranajes" bajo la editorial Emecé y al año siguiente, en 1952 se estrena en la Argentina la película de "El túnel", una producción de Argentina Sono Film, dirigida por León Klimovsky. En 1953, nuevamente bajo la editorial Emecé publica el ensayo "Heterodoxia".

En 1955 es nombrado interventor de la revista Mundo Argentino por el gobierno de facto impuesto por la Revolución Libertadora, puesto al que renunciaría al año siguiente por haber denunciado la aplicación de torturas a militantes obreros. Ese mismo año publica "El otro rostro del peronismo: Carta abierta a Mario Amadeo", en donde, sin abdicar de sus antipatías hacia la figura del ex presidente Juan Domingo Perón, efectúa la defensa de Evita y sus seguidores; posición que le crearía numerosas críticas de los sectores intelectuales argentinos, que eran mayoritariamente opositores al régimen derrocado.



En 1958, durante la presidencia de Arturo Frondizi, Sabato es nombrado Director de Relaciones Culturales en el Ministerio de Relaciones Exteriores; puesto al que renunciaría al año siguiente por discrepancias con el gobierno.

En 1961 publicó Sobre héroes y tumbas, que ha sido considerada como una de las mejores novelas argentinas del siglo XX. Se trata de una novela que narra la historia de una familia aristocrática argentina en decadencia, intercalada con relato intimista sobre la muerte del General Juan Lavalle, héroe de la Independencia.
Cuando decidí tomarlo para mi novela, no era, en modo alguno el deseo de exaltar a Lavalle, ni de justificar el fusilamiento de otro gran patriota como fue Dorrego, sino el de lograr mediante el lenguaje poético lo que jamás se logra mediante documentos de partidarios y enemigos; intentar penetrar en ese corazón que alberga el amor y el odio, las grandes pasiones y las infinitas contradicciones del ser humano en todos los tiempos y circunstancias, lo que sólo se logra mediante lo que debe llamarse poesía, no en el estrecho y equivocado sentido que se le da en nuestro tiempo a esa palabra, sino en su más profundo y primigenio significado.



La novela también incluye el Informe sobre ciegos que a veces se ha publicado como pieza separada, y sobre el cual su hijo, Mario Sabato realizó una película. En 1965 se lanzó el disco "Romance de la muerte de Juan Lavalle", con textos recitados de "Sobre héroes y tumbas" y canciones con letra de Sabato y música de Eduardo Falú.

Su siguiente novela, "Abaddón el exterminador" se publicó en 1974; de corte autobiográfico con una estructura narrativa fragmentaria y de argumento apocalíptico en el cual Sabato se incluye a sí mismo como personaje principal y retoma a algunos de los personajes ya aparecidos en "Sobre héroes y tumbas". Ese mismo año recibe el Gran Premio de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE).



En el año 1975 recibe el Premio de Consagración Nacional de la Argentina y dos años más tarde "Abaddón, el exterminador" obtiene el título a mejor libro extranjero en Francia, y en Italia recibe el Premio Medici. Al año siguiente, en 1978 le otorgan la Gran Cruz al mérito civil en España. En el año 1979 es distinguido en Francia como Comandante de la Legión de Honor.

Por solicitud del presidente Raúl Alfonsín, presidió entre los años de 1983 y 1984 la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas), cuya investigación, plasmada en el libro Nunca Más, abrió las puertas para el juicio a las juntas militares de la dictadura. En 1984 recibe el Premio Cervantes, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires lo nombra Ciudadano Ilustre, recibe la Orden de Boyacá en Colombia y la OEA le otorga el Premio Gabriela Mistral. Dos años más tarde, en 1986 le entregan la Gran Cruz de Oficial de la República Federal de Alemania. Al año siguiente es distinguido con el título de Comandante de la Legión de Honor de Francia. En 1989, recibe en Israel el Premio Jerusalén. El mismo año es nombrado Doctor honoris causa por la Universidad de Murcia, España; en 1991 por la Universidad de Rosario y la Universidad de San Luis de Argentina, y en 1995 por parte de la Universidad de Turín, Italia.



El 21 de diciembre de 1990, en su casa de Santos Lugares se casa por iglesia con Matilde Kusminsky Richter. La ceremonia fue oficiada por el Monseñor Justo Laguna y Monseñor Jorge Casaretto.

En 1995 muere su hijo Jorge Federico en un accidente automovilístico. En 1997 recibe el XI Premio Internacional Menéndez Pelayo. El 30 de septiembre de 1998 fallece su esposa, Matilde Kusminsky Richter. Ese mismo año publica sus memorias bajo el título de "Antes del fin" y el 4 de junio de 2000 publica "La Resistencia" en la página de Internet del Diario Clarín, convirtiéndose de esta manera en el primer escritor de lengua española en publicar un libro gratuitamente en Internet antes que en papel. La edición en papel sería lanzada el 16 de junio.



En la actualidad reside en Santos Lugares, Provincia de Buenos Aires, donde sólo se dedica a la pintura, ya que por prohibición médica no puede ni leer ni escribir.



El 11 de febrero de 2009 la SGAE lo propuso por tercera vez ante la Academia Sueca como candidato al Premio Nobel de Literatura de 2009 junto con los escritores españoles Francisco Ayala y Miguel Delibes.

Activismo e ideología política 
 

En su juventud, Sabato fue un activista del Partido Comunista, en dónde llegó a Secretario General de la Federación Juvenil Comunista. Posteriormente Sabato se alejaría del comunismo marxista, desilusionado por el rumbo que había tomado el gobierno de Stalin en la Unión Soviética.

Detractor del peronismo, Sabato fue uno de los primeros en aportar una interpretación al régimen del General Juan Domingo Perón tras el derrocamiento de su segundo gobierno, el cual apareció publicado bajo el título de El otro rostro del peronismo en el año 1956. En este ensayo, Sabato critica duramente al peronismo sosteniendo que "el motor de la historia es el resentimiento que, en el caso argentino, se acumula desde el indio, el gaucho, el gringo, el inmigrante y el trabajador moderno, hasta conformar el germen del peronista, el principal resentido y olvidado".
El desconocido coronel Perón, cuya estrella empezaba a levantarse sobre el horizonte vio claro que había llegado para el país la era de las masas. Y tanto su aprendizaje en Italia, su natural tendencia al fascismo, su infalible olfato para la demagogia, su idoneidad para intuir y despertar las peores pasiones de la multitud, su propia experiencia de resentido social -hijo natural como era- y por lo tanto su comprensión y valoración del resentimiento como resorte primordial de un gran movimiento de masas, y finalmente su absoluta falta de escrúpulos; todo lo capacitaba para convertirse no solamente en el jefe de las multitudes argentinas sino también en su explotador.



A pesar de ser sus críticas al movimiento peronista, y de Juan Domingo Perón, Sabato alabaría y encontraría un sentido muy justo a la imagen de Eva Duarte, declarando que ella fue "la auténtica revolucionaria". Posteriormente, Sabato no quiso reeditar el El otro rostro del peronismo; y para 1987, cuando se publicaron sus Obras Completas se aseguró en el prefacio que este ensayo sería publicado en un nuevo tomo de escritos políticos que hasta el día de hoy no fue editado.



El 19 de mayo de 1976, Jorge Rafael Videla protagonizó un almuerzo con un grupo de intelectuales argentinos, entre los que se contaban Ernesto Sabato, Jorge Luis Borges, Horacio Esteban Ratti y el padre Leonardo Castellani. Luego de la comida, Sabato declaró a la prensa:
Es imposible sintetizar una conversación de dos horas en pocas palabras, pero puedo decir que con el Presidente de la Nación hablamos de la cultura en general, de temas espirituales, culturales, históricos y vinculados con los medios masivos de comunicación. 



Hubo un altísimo grado de comprensión y respeto mutuo. En ningún momento el diálogo descendió a la polémica literaria o ideológica.
Tampoco incurrimos en el pecado de caer en la banalidad. Cada uno de nosotros vertió, sin vacilaciones, su concepción personal de los temas abordados.


Este episodio le traería numerosas críticas en los años siguientes, entre los cuales, el escritor anarquista Osvaldo Bayer acusaría a Sabato de "formar parte de la hipocresía argentina". Una vez terminada la dictadura militar, Sabato presidió la CONADEP, una comisión encargada de investigar las violaciones a los derechos humanos ocurridos en la Argentina entre 1976 y 1983 a manos del Proceso de Reorganización Nacional. Esa investigación fue plasmada en el libro Nunca Más (o también llamado Informe Sabato), el cual abrió las puertas para el juicio a las Juntas de la dictadura militar.



En sus últimos escritos y apariciones públicas, Ernesto Sabato ha declarado considerar que "es desde una actitud anarcocristiana que habremos de encaminar la vida".
¡Yo soy un anarquista! Un anarquista en el sentido mejor de la palabra. La gente cree que anarquista es el que pone bombas, pero anarquistas han sido los grandes espíritus como, por ejemplo León Tolstoi.

Aunque fui comunista activista, el anarquismo siempre me ha parecido una vía de conseguir justicia social con libertad plena. Y valoro el cristianismo del Evangelio. Este siglo es atroz y va a terminar atrozmente. Lo único que puede salvarlo es volver al pensamiento poético, a ese anarquismo social, y al arte.



Luego de su deserción del socialismo de Estado, Sabato ha abogado en general por una sociedad basada en la libertad individual y la asociación libre, en el cooperativismo en la ciencia y la economía, y en la descentralización política.
La formidable crisis del hombre, esta crisis total, está sirviendo al menos para reconsiderar los modelos. Y no es casualidad que en diferentes partes del mundo empiece a reivindicarse otro tipo de socialismo, más cercano a aquel que preconizaba Proudhon, o al que en nuestros tiempos han sostenido espíritus nobles y lúcidos como Mounier, entre los cristianos y Bertrand Russell, entre los agnósticos. Un socialismo que respete la persona, que termine con la alienación y la sociedad de consumo, que termine con la miseria física pero también con la espiritual, que ponga la técnica y la ciencia al servicio del hombre y no, como está sucediendo, el hombre al servicio de aquellas. Un socialismo descentralizado que evite los pavorosos males del superestado, de la policía secreta y de los campos de concentración.



Recientemente, Ernesto Sabato brindó su apoyo y se unió a la amplia lista de prominentes figuras de la América Latina que han manifestado su apoyo a la independencia de Puerto Rico a través de su adhesión a la Proclama de Panamá aprobada por unanimidad en el Congreso Latinoamericano y Caribeño por la Independencia de Puerto Rico celebrado en Panamá en noviembre de 2006.

 



Dice Sábato: "Puede parecer un acto de horrible esnobismo que tres crisis fundamentales de mi vida se sucedieran en París, pero efectivamente así fue. La primera se produjo en el invierno de 1935, cuando yo era un muchacho de 24 años. Desee 1930 milité en la Juventud Comunista, cuando la dictadura del general Uriburu. Abandoné estudios, familia y mis comodidades burguesas. Viví con nombre supuesto en La Plata, en cuyos suburbios estaban los dos frigoríficos más grandes del país, donde se explotaba despiadadamente a toda clase de inmigrantes, que vivían amontonados en tugurios de zinc, rodeados de pantanos de aguas podridas. Repartíamos manifiestos, participábamos de la organización de huelgas. Hacia 1933 fue ya secretario de la Juventud Comunista, cuando habían empezado mis dudas sobre el estalinismo, y entonces resolvieron mandarme a las Escuelas Leninistas de Moscú, a purificarme. Si hubiese ido, no habría vuelto jamás vivo. Tenía que pasar previamente por Bruselas, por un congreso contra el fascismo y allí supe con horrendos detalles de los "procesos" de Moscú. Me escapé a París, viví un invierno muy duro en la piecita de un compañero disidente, mientras el partido me buscaba. Logré volver a la Plata, donde proseguí mi carrera en física-metemática. Cuando terminé mi dieron una bourse para trabajar en el laboratorio Curie, donde trabajé durante casi un año y, allí en París, asistí a la ruptura del átomo de uranio, que se disputaban tres laboratorios: ganó la "carrera" un alemán. Pensé que era el comienzo del Apocalipsis. Viví en una confusión horrible, mientras escribía mi primera novela y cometí la infamia de dejar que Matilde se volviera a la Argentina con nuestro primer hijo, de pocos meses, mientras yo tenía una amante rusa. La tercera crisis fue consecuencia de todo esto, y de mi vínculo con los surrealistas: Domínguez, Matta, Wifredo Lam y otros. En otro día de invierno fuimos con Domínguez, a la tarde, al Marché aux Puces y volvimos después en el Metro hasta Montparnasse, donde tenía su estudio Domínguez. En la calle, ya era de noche, en un especie de nevisca, Domínguez se detuvo y me dijo:"¿Qué te parece si esta noche nos suicidamos juntos ?" No era una broma, era muy propenso, como lo probó años después. Yo me negué, aunque también me atraía el suicidio: me salvó mi instinto, y aquí estoy, junto a la Matilde de todos los tiempos, una de esas "mujeres fuertes de la Biblia", que está muriendo, en medio del dolor más profundo de mi vida, en el final de una existencia muy compleja."


La pintura fue mi primera pasión, desde la niñez, cuando aún no sabía leer ni escribir. Pero al comenzar el colegio secundario, ya en la adolescencia, empecé a describir, torpemente, pesadillas y alucinaciones que sufrí en aquel período desdichado. Felizmente las destruía cuando tuve más conciencia. 

Sea como haya sido, en mi contradictoria y tumultuosa existencia, la literatura se fue imponiendo porque mis crisis espirituales, psicológicas y políticas exigían ya palabras e ideas aunque fueran ideas encarnadas en violentas pasiones. 

Sin embargo, durante el casi medio siglo que dediqué a los libros. Siempre sentía la dolorosa nostalgia por aquella primera vocación, y no podía entrar al taller de un amigo sin empezar a sentir una penetrante tristeza: bastaba el olor a la trementina. Ese sentimiento se acentuó en París, antes de la segunda guerra, cuando trabajaba en el Laboratorio Curie e iba a reunirme con los surrealistas, como si una buena y honesta ama de casa se entregara de noche a la prostitución.


 
Fue cuando me vinculé con Wifredo Lam, Matta, Tristan Tzara y el propio Breton. Pero, sobre todo, con Oscar Domínguez poco después del terrible suceso con el rumano Victor Brauner, cuando Oscar en su taller, completamente borracho y enfurecido, lanzó un vaso roto contra uno de los que estaban. Este se apartó a tiempo y el vaso dio contra Brauner, arrancándole un ojo. Este extraño hecho tuvo enorme repercusión en el movimiento surrealista, porque unos diez años antes, Brauner había pintado un autorretrato con un ojo arrancado o vaciado por una especie de flecha en la que estaba colgada una D mayúscula. Hubo muchos trabajos e interpretacio- nes, incluyendo y sobre todo a "Minotaure", la revista que dirigía Bretón que era una especie de papa, que producía bulas y excomuniones. 
Dadas las características nocturnas del movimiento, la separación de Domínguez era tan disparatada como si fuese promovida por un Comité de Buenas Costumbres en el infierno. Mi amistad con Oscar se hizo más estrecha a raíz de eso mismo, porque lo sentí como desarado, y terminé confesándole mi pasión por las cositas que dibujaba con carbonilla. Era muy exagerado, casi loco, y me dijo al verlas que debía abandonar esas "pavadas", que estaba haciendo en el laboratorio para ponerme a pintar; y para obligarme, me regaló una vieja caja de pintura, con algunos pomos y pinceles, enseñándome como preparar el diluyente. 




La ciencia físico-matemática había sido para mi un acompañante de viaje, o más bien como un paraíso artificial, cuando sufrí mi gran desilusión con el stalinismo: de modo que seguía escribiendo apasionadamente, como en mi adolescencia, y en aquel entonces en una novela que titulaba "La fuente muda", obra que más tarde quemé, como acostumbraba con la mayor parte de lo que hacía. 

Cuando llegó la guerra, volví a la Argentina y en ratos libres hice un par de naturalezas muertas y una copia del autorretrato de Van Gogh, con la oreja vendada que regalé a unos amigos y que, vanamente, muchos años después, pedí que me las de volvieran para quemarlas. No quisieron y lamento en el alma que anden por ahí. Cuando en 1943 abandoné definitivamente la física-matemática, el profesor Houssay, premio Nobel de Fisiología, que me había dado la beca para investigar en el laboratorio Curie, me retiró el saludo para siempre, diciéndome que "abandonaba la ciencia por el charlatanismo", tal es el puritanismo científico. 
Como abandoné mi cátedra, sin dinero, nos fuimos a vivir, con Matilde y mi hijo de cuatro años, a una de esas chozas que en mi país se denominan "ranchos" en medio de la sierra de Córdoba, lejos de toda civilización ganando algunos pesos con traducciones. Así, durante un año escribí "Uno y el universo" el primer libro que me atreví; a publicar, en 1945, que, inesperadamente, obtuvo el primer premio de prosa que cada año da el municipio de Buenos Aires. 

Volvimos a la ciudad, y, mientras seguía traduciendo y dando clases particulares, escribía relatos que luego guardaba o quemaba.

 

Hasta que en 1948 publiqué "El Túnel" mi primera novela, que Camus, lector de español en Gallimard, hizo publicar en esa casa con un apasionado informe. Así; siguieron las cosas hasta que en 1961, después de trabajar años terminé "Sobre héroes y tumbas", y cuando decidí quemarla, Matilde se enfermo por mi decisión y por cariño a ella la publiqué. Así, con toda clase de irregularidades, porque nunca me consideré un escritor profesional, publiqué "Abaddón el exterminador" mi tercera y última novela. En 1979 un oculista me detectó una enfermedad irreversible en los ojos, que podía llevarme a la ceguera si seguía leyendo y escribiendo, excepto en dosis que el llamó "homeopáticas". Se quedó perplejo al no advertir en mi cara la expresión del desastre. "Yo sé por qué", me límite a comentarle, mientras pensaba que desde ese momento podría pintar sin la sensación de estar perdiendo el tiempo que me exigía la pintura. 
En algún libro escribí que uno lucha contra el destino y a menudo, finalmente, el destino tenía razón. Porque esa enfermedad, que no me impedía lo que la pequeña letra hacía imposible, me permitió dedicar esta última etapa de mi vida a lo que de chiquitín me había misteriosamente subyugado, quizá porque permite revelar el mundo misterioso de la inconsciencia, más profunda y verdaderamente que la literatura. De otro modo habría muerto con una enorme frustración. 



Como me sucedió con la literatura, mi espíritu autodestructivo me llevó a liquidar la mayor parte de lo que elaboré. Y en la primera muestra que hice en el Petit Foyer del Centre Pompidou en 1989, presenté poco más de diez cuadros arrastrado por amigos y "connaisseurs", que habían visto las transparencias. Y ahora, también arrastrado por amigos españoles, me atrevo a mostrar lo que he hecho en estos últimos años que se distingue del período anterior en que abandono toda referencia al mundo natural, aunque se encuentren algu nas frutas, que es lo más natural que existe, pero que en rigor son tan poco naturales como las otras visiones de mi inconsciencia. 
Por lo cual quise calificar estas obras de "sobrenaturalistas", palabra ya inventada por Apollinaire, en mi opinión más justa que "surrealista", ya que la palabra "realidad", es quizá la más polivalente que hay en filosofía, donde cada filósofo le da un significado diferente. Mis propulsores saben cuantos escrúpulos tuve en presentar esta pequeña colección de "autorretratos" en esta tierra que es una de las tres o cuatro que más y mayores portentos dio a las artes plásticas.



2 comentarios:

carmensabes dijo...

Me ha resultado extraordinariamente apasionante sumergirme en la vida y obra de este hombre tan admirable y talentoso..
Una humildad que solo poseen los muy grandes como Sábato, un delicioso escritor y un sorprendente e intenso pintor..

Has realizado un trabajo fuera de serie.

Gracias por este homenaje, es grandioso!!!!

elena clásica dijo...

Suscribo absolutamente a Carmensabes, increíble entrada. Un trabajo de documentación y una exposición documentada, intensa,extraodinaia.
Conozco a Sábato como escritor, pero no lo conocía como pintor: todas las pinturas que aportas son algo mágico, más allá de la fascinación. Su vida como político apasionante.

Un hombre de grandes pasiones, como se reflejan en todas sus novelas, cómo no recordar "El túnel", por ejemplo y esa María...

Menudo arte degenerado nos ofreces, Spok.
Un abrazo para ti.